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  • Ana Valentina García

Contratación por medios digitales


El objetivo del presente escrito es evaluar la incidencia que tiene la inclusión de las nuevas tecnologías en la doctrina general del contrato y en el postulado de la autonomía de la voluntad.


Es importante recordar que hoy en día el negocio por antonomasia no es la compraventa tradicional, sino una transacción que se da en el marco de la economía digitalizada, que se instrumentaliza mediante un Smart contract. El Smart contract es un contrato que se representa a través de un código y se computa en una plataforma. Esta plataforma es lo que llamamos Blockchain.


El Blockchain (cadena de bloques) es propiamente un sistema para hacer negocios, que va un paso adelante del Internet tradicional para realizar negocios seguros y confiables para las partes.


También se podría decir que los contratos inteligentes son un paso que va más allá de los típicos contratos electrónicos, donde el contenido se encuentra en una estructura digitalizada o computacional. Esto se refiere a que la información del contrato se refleja en una cadena de bloques, y no en un lenguaje tradicional, lo que nos lleva a pensar que se dan las garantías de cumplimiento, pues brinda seguridad y por eso son llamados contratos inteligentes.


De todas formas, estos contratos deberán seguir lo que dispone la Ley, independientemente de que se hayan usado medios digitales para su creación, como por ejemplo, la compraventa seguirá rigiéndose bajo los artículos del Código Civil dispuestos para ello.


Es importante tener en cuenta que durante el desarrollo o ejecución de este contrato no se necesita un intermediario para que de confianza, pues es la tecnología la que brinda esa confianza. Sin embargo, se debe precisar que las obligaciones que se derivan del contrato deben estar dentro de las formalidades que exige la ley, razón por la cual, aún permanece en el ordenamiento como un contrato natural, es decir una obligación natural (Obligación natural es aquella que no confiere derecho para exigir su cumplimiento, pero que una vez cumplida, autoriza para retener lo que se ha dado o pagado en razón de ellas).


De todas formas es preciso recordar que en el Derecho Romano, en particular para Grosso, se puede hablar de obligación siempre y cuando ésta se pueda incumplir, entonces deberíamos preguntarnos si hoy en día se puede continuar con esta premisa o si definitivamente los contratos digitalizados son perfectos y no hay forma de defraudar a ninguna de las partes involucradas, pues algunos dicen que esta clase de contratos quita la posibilidad al deudor de incumplir y prácticamente el acreedor haría justicia a mano propia, porque se constriñe al deudor a siempre cumplir, sin importar las razones externas que se puedan presentar y dificulten o imposibiliten este cumplimiento, pues recordemos que en estos contratos no hay intermediarios.


Por lo anterior, se podría decir que estamos en presencia de un contrato algorítmico donde la formación del contrato es del mismo algoritmo, y por ende no hay intervención de ninguna de las partes. También se puede decir que estos contratos digitalizados o inteligentes son un mecanismo de autoayuda, toda vez que se asegura que no habrá incumplimiento, y tampoco se tendrá que acudir a un tercero como un juez o árbitro, porque siempre el contrato se ejecutará. En esta clase de contratos se ha señalado que el acto de la voluntad es irrelevante pero no determinante, esto implica que pueden existir contratos que no reflejan la voluntad de una de las partes.


Ahora, lo que se pretende con la revolución digital es mejorar las tecnologías ya existentes, que las tecnologías cambien la sociedades, pues esto llevaría a que se cambie la forma de hacer negocios, y se podría hablar que se trata de una revolución de la tecnología disyuntiva, pues recordemos que hoy en día los contratos que se pueden realizar de esta forma son en los que como solución solo se podrá obtener un sí o un no.


Algunos efectos de la tecnología disyuntiva son:

  • Plataformas digitales que no tienen el producto o servicio específicamente buscado, y que en su lugar permiten a los usuarios que realizan la búsqueda, recibir ofertas de bienes y servicios similares.

  • Sofisticación de muchos dispositivos que antes eran meramente mecánicos y ahora están basados en tecnología digital, que están recogiendo información continuamente, para que de esta forma se puedan tomar decisiones por el usuario o propietario.

Hay dos situaciones que involucran contenido digital durante el desarrollo del contrato:

  1. Contenido digital como objeto de un contrato: se presentan unas problemáticas, como lo son los problemas entre digitalización y contratación, pues aún queda la duda de cómo se deben revisar y a través de qué mecanismos idóneos.

  2. Tecnologías digitales durante el ciclo de vida del contrato: se presentan otras problemáticas que expondremos más adelante.


Entonces se puede hablar de cómo desde la etapa precontractual se utiliza la información de cada usuario para que de esta forma se le pueda crear un perfil de consumidor.


En el derecho del consumidor, existe un derecho principal el cual se traduce en que todas las personas tienen que recibir la información idónea y veras para que, de esta forma, el consumidor pueda tomar una decisión consistente, entonces se puede hablar del deber que tiene el empresario, productor o proveedor de suministrar dicha información al consumidor, y es ahí donde se presentan problemas en un contrato digitalizado, ya que esta línea es muy delgada con la manipulación del mercado digital.


Entonces, para poder darle una solución al planteamiento anterior se deberá pensar en qué mecanismos se deberán adaptar para estas nuevas acciones e interacciones, donde el consumidor vea lo que realmente necesita y conforme a esa convicción, que se ha imaginado, realiza la compra. Es importante saber que no se está en presencia de publicidad engañosa.


A lo anterior, se le debe sumar el problema de interpretación, que se puede presentar durante la elaboración de un contrato digitalizado, ya que en algunos contratos inteligentes no queda plasmado en el código lo que realmente quieren las partes. Algunos podrían pensar que la presencia de algoritmos que programan un contrato podrían desdibujar la estructura clásica del contrato, sin embargo esto no es del todo cierto, ya que lo se debería revisar concretamente es si el contrato cumple con el fin último que quieren las partes.


Si pensamos en un Smart Contract, como una evolución contractual, podemos asegurar que los usuarios de este servicio se verán beneficiados, toda vez que disminuye los costos de transacción y es eficiente. Además, son protocolos informáticos que facilitan, verifican y hacen cumplir las obligaciones de un contrato sin necesidad de tener una cláusula contractual por escrito, sino que simplemente hablamos de un código de transacción.


Podemos hablar del ejemplo de la máquina que vende alimentos, pues aquí la voluntad del adquirente de cualquier producto se da cuando éste ejecuta la actividad de depositar el dinero en la ranura de la máquina. Entonces el consentimiento se verá reflejado en la ejecución del Smart Contract.


También podemos pensar en la seguridad que brinda el blockchain, ya que es un gran sistema donde no hay un ente centralizado, sino que todos son bloques. Aquí la información se almacena en diferentes locaciones y en todas las transacciones intervienen los bloques, pues estos son los que le dan seguridad, ya que la cadena de bloques es pública, verificable, transparente e ininterrumpida, esto debido a que cualquier cambio que se pretenda realizar necesitará ser aprobado por los mismos usuarios que intervinieron en la construcción de dicho contrato.


Para finalizar, sabemos que aún se necesita mucho desarrollo del tema, como también educación para las personas que decidan usar esta forma de realizar contratos, pues no pueden faltar a la buena fé en su comportamiento contractual, y deben entender la forma de cómo usar éste medio y también entender cómo funcionará durante el desarrollo del contrato.


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